lunes, 8 de diciembre de 2014

SOCIEDAD “ENFERMA”

A menudo  salen expertos a decirnos que nuestra sociedad está “enferma”, crímenes pasionales, falta de valores, violencia, narcotráfico, familias desintegradas, robos etc. Tendemos a creer también que somos la única sociedad que sufrimos de esa “enfermedad”, sin caer en la cuenta que el mismo diagnóstico se da en muchos países, ya que las sociedades en general comparte alguna características comunes, por ejemplo la familia como factor de educación, la religión, Derechos Humanos, la moral, etc., y tienen los mismos problemas, mayores incluso que los nuestros. Otras sociedades tienen menos problemas sociales que nosotros, han evolucionado en formas y prácticas sociales que permiten a sus ciudadanos ejercer conductas positivas como la educación, respeto, competición, libertad, cooperación, etc.

Además de las conductas sociales indicadas que caracterizan a una  sociedad “enferma”, tenemos para añadir la presencia de depresión, problemas psicofisiológicos,, ansiedad, estrés, violencia de género, maltrato a los niños, a los animales y demás manifestaciones que se conocen como trastornos psicológicos. En la niñez problemas escolares, deserción escolar,  bajas notas, acoso escolar, estrés. etc.

Pero al leer el término de  sociedad enferma la mayoría pasa del conjunto al individualismo ciudadano, particularizan el trastorno perdiendo de vista el papel de las variables ambientales que interactúan con el organismo, que es otra forma de decir sociedad o cultura. Skinner decía que una sociedad “Es un conjunto de contingencias de refuerzo, mantenidas por un grupo, posiblemente en forma de leyes o reglas, presenta una dimensión física definida  y  su duración es superior al del grupo que la conforma, un patrón que puede cambiar, modificar o suspender sus prácticas, y sobre todo el poder. Una cultura así definida controla  el comportamiento de los miembros del grupo que la práctican.” * Skinner no se refiere al control por el control, ni a una dictadura, si no al control de las contingencias que regula la conducta de los ciudadanos.

Las sociedades y los Estados por lo general, a pesar de los esfuerzos que hacen en organizarse, parece que no tienen un plan definido, un patrón estable de organización que permitan la libre competencia, el refuerzo contingente a la conducta pro social de los ciudadanos. El simple dictado de leyes no basta, falta la efectiva aplicación de estas.

Las sociedades han formado aleatoriamente formas de conductas reforzantes y   satisfactorias sin ningún orden para los ciudadanos, por eso, para algunas personas la vida es hermosa, para otros una tragedia. La desesperanza que caracteriza a una sociedad “enferma” no es otra cosa que falta de reforzamiento traducida en oportunidades de competencia hacia la consecución de objetivos  para todos los ciudadanos, no para unos cuantos de acuerdo al apellido, condición social o raza.

¿Acaso la depresión no es una falta de reforzamiento a conductas satisfactorias? ¿Acaso la desesperanza no se da por que la persona  tiene objetivos en el futuro que sabe que le serán difíciles de alcanzar? ¿El esfuerzo es bien recompensado? Cuando la persona se esfuerza un tiempo y no ve logros, y si no ha sido formado hacia otras satisfacciones pro sociales vendrá la desesperanza y la depresión. El esfuerzo no puede durar eternamente. ¿Qué cosa es sino la falta de valores, sino la escasa satisfacción  que se consigue por conductas que den bienestar a muchos? ¿Acaso la corrupción no es conductas organizadas por un grupo dirigidas hacia la autosatisfacción en perjuicio de los demás? Cuando el que gobierna  lo haga con el concepto de bienestar para todos,  la sociedad “enferma” no será tal, sino una sociedad que refuerce la conducta pro social, una sociedad que el que trabaje progrese, una sociedad que aplique consecuencias inmediatas a conductas inadecuadas, que castigue menos también  y premie mas la conductas de progreso, libertad y cooperación.

Si vemos la sociedad “enferma” en cada individuo no avanzaremos en nada. Para el análisis conductual la sociedad no está “enferma” por eso en todo el articulo puse la palabra entre comillas, si no que, no aplica de manera adecuada los principios que forman la conducta humana positiva, esas que llamamos, pro sociales, libertad, decisión, cooperación, competitividad, bondad, honradez, decencia, etc y  cuando las aplica lo hace sin saber y de manera aleatoria, no contingente y no arbitraria, que llega a pocos, no a la mayoría.


*Skinner “Sobre el Conductismo”

sábado, 18 de octubre de 2014

¡No reflexione tanto!

Para Unamuno el hombre por ser hombre y tener conciencia era ya, en comparación con el burro y el cangrejo, un animal enfermo. La conciencia para él era una enfermedad. Esto lo decía en el marco de que el hombre al tener conciencia, vivía en perpetuo sentimiento trágico de la vida, buscando un porque a todo lo que hay en este mundo.

La reflexión es un pensamiento, y como tal, es una secuencia de conducta muy a menudo privada (solo el que piensa lo sabe) que transforma el ambiente para acciones nuevas y productivas, por esta razón reflexionar no es negativo, si va  orientado a lo nuevo y productivo, pero cuando se mueve como por un circulo vicioso que lleva al que reflexiona a sentir sensaciones y sentimientos desagradables es ahí en donde esta reflexión provechosa y muchas veces admirada se vuelve en una hiperreflexion  o reflexividad excesiva desagradable y tortuosa para la persona.

Hay persona que reflexionan mucho. Esto en vez de ser un atributo o característica positiva de la persona, puede volverse en contra de la tranquilidad del pensante. El sentimiento de culpa, el sentirse objeto social en observancia por los otros, la preocupación de no ser dañados, la seguridad, la tranquilidad, el desear caer bien a los demás, preocuparse si se pertenece al grupo etc, pueden hacer reflexionar a las personas hasta llevarlas a  sentir sensación desagradable de la que por lo general quieren salir, haciendo muchísimas cosas orientadas a evitar esa experiencia de la reflexión, muchas veces estas actividades que hacemos para evitar la experiencia de sentir cosas desagradables nos mantienen  en el problema porque son reforzadas negativamente ejemplo: Iré a la fiesta esta noche, porque no soporto estar solo en casa”  esto podría repetirse todas las semanas, por no querer afrontar la soledad.

Si Ud es una persona que reflexiona mucho sobre las cosas y esas reflexiones le hacen sufrir a tal punto que no lo soporta,  tal vez es hora de hacer una diferenciación entre Ud y sus pensamientos, ponerlos al mismo nivel categorial  que Ud, es decir, sin caer preso de esas reflexiones, sin sentirse que Ud mismo es lo que su reflexión le dicte. Obviamente sus pensamientos los tiene Ud no otra persona, pero tampoco nadie es siempre lo que sus reflexiones le dicen. Los recuerdos, las creencias y lo que uno piense no es un problema “per se” no debe serlo, no es uno de su atributos, nadie es malo siempre, ni bueno siempre, nadie es feliz siempre ni infeliz toda la vida.

 Esas sensaciones desagradables que le dan esas reflexiones no pueden ni deben limitar su conducta hacia nuevas formas de sentirse bien o cumplir con su trabajo o actividades diarias, son parte de la vida, de la existencia y hay que aceptarlas de esa manera, sin luchar con ellas.


domingo, 12 de octubre de 2014

Aplicación de la técnica de la Extinción

De nuevo, si la extinción es una técnica que consiste en principio, no reforzar más la conducta que ha sido previamente reforzada ¿Con quienes podríamos usarla sin problemas?. A ver la situación de la extinción es como sigue: Si un niño pide una golosina insistentemente por que aprendió que si reitera su pedido este se le dará, la extinción seria no dárselo bajo ninguna circunstancias, así en igualdad de condiciones, cada vez que pida golosinas no se le dará, tendera en un principio a aumentar el pedido pero tendera también a dejar de pedirlo. Si un trabajador pide una cita con su jefe para que le aumente el salario y este nunca se lo da, dejara de pedirlo. Si un jugador de maquina tragamonedas está en una maquina que ha sido programada para que no le de ninguna ficha, el jugador tendera irse o dejar de jugar en esa máquina, se aplico la extinción.


Siendo una técnica utilizada para disminuir conductas, es lo opuesto al reforzamiento, por lo tanto y en otras palabras, si no está combinada con otras técnicas, resta oportunidad para que la persona a quien se le aplique, aprenda nuevas conductas, también y como ya se dijo resta estimulación por lo que podría aplicarse a niños y adultos muy extrovertidos con buen autodominio y reflexivos por que percibirán claramente que no serán atendidos. Su aplicación en niños hiperactivos por ejemplo llevara un poco más de tiempo su efectividad por que estos tienden siempre a distraerse fácilmente y buscaran por otros medios satisfacer su petición., no captaran  muy fácil el mensaje de que no se le dará su petición.

Aplicación más efectiva del castigo

Los que leen habitualmente este blog, saben que durante la explicación que hemos hecho de las diversas técnicas de modificación de conductas hemos escrito que el castigo es una de las últimas técnicas que hay que aplicar cuando se quiere modificar la conducta en niños o adultos, cuando las demás técnicas no dan resultados por problemas de implementación, mal aplicación etc. y solo cuando la conducta problema lo justifica por su intensidad o peligrosidad se debe aplicar el castigo. Aun así y aunque pocos gusten del castigo, no somos ingenuos para pensar siquiera que el ser humano no  necesita del castigo para la eliminación rápida de la conducta problema, más aun, y será más efectivo si va combinado con otras técnicas y se reduce al mínimo la posibilidad de que el castigado reciba alguna clase de reforzamiento. Una de las causas de que el castigo muchas veces no funciona es que va seguido de reforzamiento  en circunstancias que no podemos controlar.

Ahora bien, la aplicación del castigo, si es reiterado puede influir sobre las emociones y afecto, de hecho, las personas que presentan depresión es porque han estado expuestas a escaso reforzamiento, han recibido castigo permanente o han experimentado perdidas constantes de reforzamiento.

Si se le aplica un castigo a un niño o adulto con depresión agravaremos su situación, si le aplicamos a los “sumisos”  aceptaran el estimulo aversivos sin problemas, perdiéndose la efectividad y el principio del castigo, y si le aplicamos el castigo a una persona con mucho autocontrol no conseguiremos mucho éxito porque podrá soportarlo sin problemas.

El castigo será más efectivo si se les aplica a niños y adultos con estabilidad emocional porque soportaran más lo adversivo sin que le choque emocionalmente. También se le puede aplicar a personas con mucho dominio porque sentirán lo adversivo de la técnica  sin tener eso que significar que pierdan el control de su vida.

Es mucho mejor aplicar el castigo controlando las consecuencias que lleva esta técnica. 

viernes, 3 de octubre de 2014

Refuerzo positivo y alta autoestima

Muy bien, de nuevo, si el refuerzo positivo eleva o mantiene los eventos internos como la autoestima o la estabilidad emocional ¿puedo aplicar un programa de refuerzo a alguien con autoestima alta?; la pregunta es válida dentro de un análisis conductual. Parece que no tendría mucho sentido reforzar a Juanito un alumno que habla en clase cuando no debe, para que aumente la conducta de escribir durante la clase, si al momento de hacer bulla ya tiene la atención de sus compañeros y de la misma profesora ¿cuestión de la implementación  de la efectividad del reforzamiento? Puede ser. Sin embargo podríamos perder tiempo si Juancito ya esta reforzado por la clase hace mucho tiempo. Lo mejor sería  restarle los reforzamiento mediante un sistema de puntos cuando haga bulla. Lo que le costaría privilegios varios durante el recreo o algún tiempo de juego dentro del salón. Es más probable que Juancito aumente la conducta de escribir para evitar quitarle puntos., lo que aplicaría un reforzamiento negativo, (recuerde que el reforzamiento negativo es  la remoción de un estimulo adversivo-el quitarle puntos y privilegios, cuando la conducta que se quiere aparezca) puede ser sentido por la persona como un castigo, pero no lo es (el castigo es presentarle un estimulo adversivo, no quitárselo).

Si un gerente ofrece un bono a los empleados que lleguen temprano, existiendo ya la posibilidad de que los empleados hagan horas extras en donde pueden ganar más que el bono ofrecido tal vez no tenga mucho éxito. Es más probable que tenga éxito si implementa un  descuento de sueldo a los empleados que lleguen tarde. 

Debemos tener en cuenta que el reforzamiento puede llevar a la saciedad si no se varia de cuando en cuando, si esto ocurre no tiene sentido seguir reforzando, la persona dejara de hacer la conducta por que ya se sacio o ya tiene bastante reforzamiento que lo aburrió.


Este cobro de la respuesta es un enfoque positivo no intrusivo, y que no baja la autoestima a quien se aplica. Para que su aplicación sea efectiva se debe dejar que la persona tenga una reserva de puntos o estímulos reforzadores de donde restárselos. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Refuerzo positivo y auto estima baja.

Las técnicas de modificación de conducta y las terapias de  comportamiento son aplicables a todas las personas, niños y adultos, independientemente de los rasgos de  personalidad que muestran, aun así, algunas técnicas tienen mejor resultados que otras dependiendo de los rasgos del niño o del adulto. Dentro de las consideraciones éticas y del criterio para la aplicación de las técnicas de modificación de conducta se requiere que el analista y los padres del niño o el paciente,  acuerden que conducta se quiere incrementar o evitar. Pero existe un criterio que solo le corresponde adoptar al analista de la conducta basado en su experiencia, y es aplicar la técnica de acuerdo al  rasgo de personalidad del niño o del paciente esto con el conocimiento de que será  efectiva mas pronto y no será intrusiva para el cliente. Por ejemplo el reforzamiento positivo resulta  mejor en personas o niños “baja autoestima”, ya que reforzando la conducta mediante algún estimulo del cual sea causa, es más probable que los logros le darán la satisfacción que requiere la persona, ganando confianza elevando la  autoestima..

sábado, 20 de septiembre de 2014

Personas que no miran al hablar

La mirada, el observarse unos a otros en una comunicación directa  de dos o más personas es considerada actualmente en nuestra sociedad un requisito en la relación de dos personas. Dependiendo de los usos y costumbre de la sociedad en que la persona se encuentra, es recomendable ver a los ojos a la persona con quienes conversamos, asintiendo con ellos de alguna manera lo que la palabra expresa; de hecho, es parte del entrenamiento de las llamadas conductas asertivas. Sin embargo hay personas que no miran al interlocutor, felizmente no es considerado un problema psicológico, y efectivamente no debería serlo, mas allá de lo que pueda decir la psicología barata y popular de que “los ojos son el espejo del alma” “…. son la ventana del alma”, o  que la mirada transmite algo, en verdad, la mirada no transmite nada ni es el espejo de nada, las personas que no miran a los ojos del interlocutor están a merced de interpretaciones antojadizas  como hipócritas, falsos o tímidos.

Aunque una mirada fija a alguien tampoco es bien vista, menos si viene de un extraño por la calle. Puede ser referida o circunscrita a una relación más intima, aunque en algunas partes y épocas no era así, Desde la antropología Sir James Frazer el famoso estudioso de la historia de las creencias y religiones de las sociedades antiguas, en la tercera edición en español del libro “La rama dorada” nos cuenta que en sus viajes se encontró con sociedades como la tribu Yuin de Nueva Gales en donde  la mirada entre ciertas personas estaba prohibido, específicamente el yerno estaba prohibido de mirar a la suegra, era presagio de mal matrimonio incluida la separación de su conyugue, tenía que dejarla si o si, no podía mirar a la suegra ni mirar en la dirección que esta veía. En las tribus de Nueva Bretaña conversar y mirar a la suegra era presagio de ciertas calamidades naturales, cosa que se resolvía con el suicidio de uno de ellos.

La mirada  sartreriana tiene un componente de invasión a la privacidad. Para Sartre, mirar al otro y recibir la mirada del otro, desnuda mi entera posibilidad de ser captado como todos mis defectos y me deja vulnerable en mi libertad hacia aquel que me envía la mirada, me vuelve objeto de experiencia del otro. Ocurre lo mismo si yo veo al otro.

San Agustín en sus “Confesiones”  en los capítulos del trigésimo sexto al trigésimo octavo cuando escribe sobre las formas de la “Tentation” (tentación) la mirada ocupa una de sus segundas formas, la primera es el placer. La mirada Agustina si es curiosa, deseosa de saberlo todo lleva a la persona al pecado y a caer en la tentación, de la que Agustín se libraba solo con fuerza de voluntad. Con estas ideas de las miradas a lo largo del tiempo  -entre otras que dejo a la investigación curiosa  no agustiana ni pecaminosa del lector -  no es extraño que le demos a la esquiva o fija  mirada una serie de interpretaciones desde las mágico-religiosas a las fenomenológicas o experencial, perdón por el barbarismo.

En el análisis de la conducta vemos la mirada como una conducta, de esta manera podemos concluir que la persona que mira cuando habla con otra o cuando no mira, es un aprendizaje que se da, dependiendo de la situación, debido a un reforzamiento. Cuando la persona mira a otra es porque ha sido reforzado positivamente ya sea por la otra mirada o alguna otra contingencia dada en ese instante, la persona que no fija la mirada  a su interlocutor, si no es debido a un problema auditivo y quiere leer los labios – se debería a alguna situación pasada adversa que lo ha llevado a esquivar la mirada y se debe a un reforzamiento negativo, ya que esquiva la mirada para no recibir los estímulos adversos que recibió antes. Para superar esto lo más recomendable es que la persona mantenga la mirada cuando hable, si siente ansiedad sería bueno un entrenamiento en relajación y conductas encubiertas como autoinstrucciones positivas que se diga a sí mismo, hasta que la mirada del otro pierda  el efecto adverso que tiene.